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Cedepsi en la Actualidad
Las necesidades actuales no admiten más espera y la realidad que viven nuestros niños y jóvenes denota una gran confusión, una forma de protesta y un pedido de ayuda.
La violencia es una forma de protesta, una protesta desordenada, mal canalizada pero que es la única forma que conoce para defenderse de algo que le resulta amenazante para preservar su yo. Una protesta que reclama algo que necesita.
En la mirada de un niño violento podemos encontrar a un niño temeroso, lleno de sentimientos ambiguos, emociones desordenadas que no sabe como canalizar. En la violencia escuchamos los gritos de impotencia a los que seguramente, no se les ha prestado oídos. Un niño que agrede a otro niño ¿a quién está agrediendo? ¿Cuál será su demanda? ¿De qué se estará defendiendo?
Características Psicológicas del agresor:
Falta de Empatía (no puede ponerse en el lugar de otra persona y por tanto es insensible a su sufrimiento.
Responsabiliza a la víctima por haberlo molestado o desafiado primero.
No siente remordimiento sobre su conducta
Generalmente proviene de una educación familiar muy permisiva
Prevención:
Estas conductas acusan una "falta de Ley" .Dado que los niños agresores reproducen los modelos familiares como la falta de valores , la prevención debe darse en primera instancia en el seno familiar.
Los Límites bien puestos colaboran en gran medida al sano desarrollo de sus etapas evolutivas.
Eugenia es una niña de ocho años que cursa el segundo grado del nivel básico. Proviene de una familia de clase media. Tiene un hermano, Francisco, cuatro años menor. La escuela a la que asiste es semi privada. Hasta el momento, cursa el turno tarde luego de que los padres la cambiaran del turno mañana por haber sido víctima de incidentes violentos por parte de otras niñas de su misma edad.
Ese mismo año, coincidentemente, otras dos niñas ingresaron a la escuela, también en el turno tarde. Estas niñas junto con Eugenia se sintieron atraídas porque las tres eran nuevas en ese turno. Eugenia se vio envuelta en una serie de acontecimientos violentos a las pocas semanas. Las dos niñas nuevas vieron, por alguna razón, en Eugenia un blanco fácil para sus proyecciones. Al poco tiempo, luego de varias actitudes de sometimiento a los que Eugenia se vio envuelta, una de ellas le propinó sin más, un trompada en pleno ojo donde casi se lesiona la retina. Su ojo morado le duró varios días.
Hablando con Eugenia en la consulta pone en palabras su modo de percibir el mundo: “tal vez yo me equivoco y me pegan porque soy fea y mala”.
Este ejemplo demuestra como un niño puede, desde sus primeros años, ir construyendo una autoestima precaria, le enseñan a dudar de los hechos a tal punto que no puede defenderse porque “tal vez no sea tan así como lo percibe”. “tal vez no me quiso hacer daño, se le escapó la trompada y justo estaba yo al lado” “fue un accidente, yo tengo la culpa por estar cerca”.
La violencia tiene su propio público y su espacio. La violencia nos da miedo. Miedo a las represalias que puedan tomar hacia quién la enfrenta, tal vez por eso la maestra de Eugenia no dio el suficiente crédito a la evidencia que portaba la niña y tal vez sin darse cuenta, colaboró para generar en ella confusión sobre lo sucedido. No bastaba el ojo lastimado de Eugenia para que la docente tomara postura y llamara a los padres de la niña agresora, corroborando que esa niña violenta manifestaba una personalidad con escaso control de impulsos, y con una historia familiar que explicaba su modo de ser en la escuela.
La docente en cuestión, no solo minimizó la conducta de la niña agresora, aún cuando la evidencia era clara, concreta y palpable, sino que colaboró en lo que Alice Miller llama la pedagogía negra. Con su intervención logró que la niña agredida dudara, a pesar de los hechos sin considerar ¿qué habrá sentido Eugenia cuando la obligaron a dudar de su percepción? ni ¿Cómo hará esta niña para no dudar de lo que percibe y de lo que piensa en el futuro?
Ahora bien, no será la primera vez que nos encontramos con esta actitud de los docentes y/o directivos frente a manifestaciones de violencia. Por lo general he visto que, al hablar de la violencia, que está haciendo estragos en las escuelas, se utilizan eufemismos y se minimizan las consecuencias que esta conducta puede tener. Los recursos con los que cuentan los educadores son ineficientes y ponen al descubierto el temor que genera este tipo de conductas.
*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los involucrados.